El pasado domingo día 4 de Octubre se celebró en la cercana localidad de Don Benito la tercera edición de esta marcha cicloturista. El año pasado asistí a ella por primera vez, y me dejó tan buen sabor de boca, que he repetido. Esta marcha se caracteriza por tener un recorrido muy asequible y se hace a un ritmo cómodo, ideal para los que la falta de tiempo hace tengamos el entrenamiento algo descuidado. La mañana del domingo se presentó con una climatología impropia para esta época, pero ideal para montar en bicicleta; tal vez por ello hubo una buena afluencia que calculo que pasaría de los 150 participantes (Yo tenía el dorsal 129 y no fui de los últimos en inscribirse). Pasadas las 9:30 partimos dirección a Villanueva de la Serena, con un ánimo y ambiente inmejorable. A destacar la participación de una bicicleta tipo tandem que puso una nota exótica. En La Coronada, después de un repecho traicionero que hizo que algunos tuvieran que echar pie a tierra, se hizo el avituallamiento líquido y primera parada de la jornada. Al reemprender la marcha comenzaron las ondulaciones del terreno, incluido el Alto del Espolón, una tachuela del 6 %, que nos llevaría hasta Orellana la Vieja, donde haríamos el avituallamiento sólido y donde me zampé un bocata de chorizo que bien hubiera servido para engrasar las bicis de medio pelotón. Después de una última subida por las inmediaciones del embalse nos esperaba el terreno llano que nos llevaría por las localidades de Acedera, Gargáligas, Valdivia y La Encomienda, donde se hizo una breve detención para homenajear el lugar donde falleció Carlos. Finalmente se llegó a Don Benito dentro del horario previsto y con la satisfacción de haber disfrutado de una fantástica jornada ciclista.
En el blog de la Peña Los Perdíos he pillado esta foto en la que salgo más o menos presentable.
III Memorial Carlos Cuadrado
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19.10.09
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Juan Luis G.
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Tema: Blogs, Ciclismo, Excursiones, Extremadura, Fotoblog
Ratas y roedores
Estoy absolutamente convencido de que en este país se comete una gran injusticia con algunos constructores y promotores inmobiliarios que durante los últimos años se dedicaron a acumular ganancias por el método de construir viviendas publicitadas como de primera calidad utilizando materiales y recursos baratos para luego venderlas a precios supratesticulares. Por mi parte, opino que muchos se merecen un homenaje del estado consistente en la concesión durante una buena temporada de una pensión alimenticia y de alojamiento, con un par de horas diarias de patio, que deben venir muy bien para las piernas y la reflexión.
Yo vivo en una de esas casas de primera calidad, donde las baldosas se rajan o se sueltan solas, las conexiones de TV carecían de cable hacía la antena, el calentador tenía más fugas que una clase de álgebra a primera hora, el tubo de acometida de la luz que debía ser rígido en sus casi cinco metros lo es en escasamente cinco centímetros - curiosamente lo justo para engañar a la inspección para conceder la cédula de habitabilidad-)... Entre otras, que me tengo que ir comiendo una a una, con resignación cristiana, o más bien de consumidor desprotegido, porque una vez soltada la pasta aquí no queda ni el tato y si te he visto no me acuerdo.
Hace unos días visitaron mi casa unos expertos en plagas para buscar solución al problema de los roedores. Una mirada experta al interior del falso techo dejó la siguiente conclusión, que como algunos chistes, se puede resumir en dos noticias; una buena y otra mala:
La buena: Casi con total seguridad, puede descartarse la presencia de ratas. En todo caso será algún ratoncillo. Un alivio, porque a mí el tamaño sí que me importa, al menos en este caso. Según parece, las ratas dejan un rastro muy evidente, ya que, como algunos programadores de T.V., utilizan sus excrementos e inmundicias como medio de comunicarse y marcar territorio; además de roer con fruición cables y demás elementos mínimamente comestibles que encuentren a su paso.
La mala: La parte oculta del falso techo se encontraba sin rematar ni aislar, por lo que cabían dos soluciones posibles: Colocar un felpudo con la palabra "Bienvenidos" o tapar urgentemente todos los agujeros, huecos y recovecos antes de que aquello se conviertiese en la República de Ratonia.
Así que un fin de semana tuve que dedicarlo a desmontar el falso techo e ir inyectando espuma de poliuretano y mortero en los huecos. Además he cebado con veneno, he colocado ratoneras y he mantenido los baldosines con pegamento. Periódicamente me asomo a ver si ha habido suerte con la caza. El día que el puñetero ratoncito caiga (si es que llega a caer) me llevaré una alegría, pero seguro que no tanta como si en su lugar me encontrara al constructor de mi casa retorciéndose, pegado al baldosín y con un cepo aplastándole el ciruelo.
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16.10.09
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Tema: denuncia, Historias, Mi vida como macho alfa
Contraindicaciones de los sillones de terciopelo
Si notas que tu destino lo manejan manos ajenas, quedarse sentado a esperar ver como acaba la cosa es siempre una mala idea. Pero mala, malísima.
La continuidad de los parques, de Julio Cortázar
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27.9.09
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Tema: Historias, Libros, Personajes
El factor psicológico
Desde tiempos inmemoriales, nuestros antepasados han estado expulsando intrusos de sus hogares por métodos tan efectivos como el escobazo en el testuz. Era un combate directo, varonil, de igual a igual; los dos enemigos frente a frente, calibrando las fuerzas, la honesta confrontación del "Si te pillo te descalabro" contra la de "poner los pies en polvorosa", la bendición para el que se sabe más fuerte de poder resolver los asuntos a hostia limpia. Pues bien, yo no puedo recurrir a todo eso para solventar mi problema. La lucha se tiene que desarrollar en su terreno. Ella está sobre el falso techo, no he podido verla aún, sólo oír el retumbar de sus pasos sobre la escayola en el silencio de la noche, cosa que hace que me la imagine en términos elefantiásicos. Sin embargo, ella, desde su ventajosa posición, ha tenido acceso a las rejillas de ventilación que comunican con las habitaciones y hasta con el cuarto de baño; desde esa altura, mirándome literalmente por encima del hombro, me habrá observado insignificante mientras he estado durmiendo, o completamente desnudo eligiendo mi ropa interior, o haciendo mis necesidades fisiológicas, e incluso -¡horror! -, por estar aún en temporada ciclista, mientras me he depilado las piernas.
De entre todas las soluciones que barajé, me decanté por sustituir el cartón por un par de baldosines impregnados de pegamento y además he añadido a la artillería una ratonera donada por un entusiasta de la causa, que me ha garantizado su total efectividad, pero que por el aspecto parece que debió cazar su primera rata en alguna trinchera de la guerra del catorce -. (Para los que me recomendasteis el gato, deciros que queda descartado por tratarse de un falso techo; no podía dejar al pobre minino viviendo ahí, ¿no? ). Tanto para instalar las trampas como para comprobar si ha caído, tengo que encaramarme a una escalera, levantar una plancha desmontable del falso techo y asomar la cabeza por ahí, y es en ese momento, que yo denomino de incertidumbre, cuando estoy totalmente expuesto, ya que entro practicamente a ciegas, haciéndome sitio entre cables y tubos. Si la rata fuera rencorosa por el hecho de querer mandarla al otro barrio, tendría oportunidad de coserme a collejas, e incluso, en el caso que estuviese muerta, encontrármela de bruces al girar la cabeza ¡Puaj, qué ascazo, por dios!
Antes de cada incursión en el altillo, para levantar la moral y afianzar mi ardor guerrero, he decidido meterme entre pecho y espalda un vasito de clarete y entonar voz en cuello esta belicosa parada militar.
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24.9.09
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Tema: Historias, Mi vida como macho alfa
En combate
Todo empezó el viernes de madrugada, sobre esa hora en la que los padres de familia decentes estamos soñando con las azafatas de la tele. Un tímido dedo golpeaba mi hombro hasta lograr despertarme.
_ ¿Puedo despertarte?
_ Ñññeumm... ñññeummm... ¿Qué pasa?
_ Se oyen ruidos extraños.
Yo tengo un sueño profundo, inmune a casi cualquier estruendo, pero mi mujer siempre está alerta y se despierta al más mínimo sonido que perturbe las horas nocturnas. En cuanto pude abrir los ojos y acostumbrarlos a la penumbra, la vi apuntando hacia el techo.
_ Ahora ha parado, pero lleva bastante rato oyéndose como un crujido.
De entre el repertorio de explicaciones habituales a las que recurro en estos casos ( son: los gatos, las cigüeñas, las interferencias en el transmisor de la niña, arrebatos lujuriosos vecinales... ) me decidí por la contracción de los materiales debido al cambio de temperatura. Se quedó todo lo razonablemente tranquila que se puede quedar una mujer que está mosqueada y volvimos a dormir.
Durante el fin de semana no hubo novedades sobre el asunto - Bajé la guardia, me dijo ella - pero ayer lunes por la tarde, tal y como le prometí para tranquilizarla y se olvidara del tema, fui a comprar un tubo de pegamento de esos para atrapar bichos. Lo esparcí formando un círculo sobre un cartón de 20 x 20 cms. y puse en el centro un trocito de queso, tal como rezaban las instrucciones, levanté una plancha del falso techo del cuarto de baño y lo coloqué allí. ¡Cómo cojones va a haber ratones en una casa nueva y que nos está costando un huevo pagarla! Dejé aquella trampa convencido que pasaría indemne durante meses, acumulando polvo, tal vez atrapando algún insecto atolondrado.
Llegó la noche y, como de costumbre, me dormí tan profundamente como lo haría un concejal de cultura en un concierto de pífano. Al rato, aquel tímido dedo que me despertó la madrugada del viernes se había convertido en una mano que me agitaba sin miramientos. La razón era justificada; el techo de escayola sonaba como si sobre él se estuviesen celebrando las fiestas patronales de Pozuelo de Alarcón (2009). Se escuchaba perfectamente como "algo" luchaba ferozmente con el cartón pegajoso que había colocado por la tarde. Fueron varios minutos hasta que se oyó como la presa se zafó del lastre y trotó por encima del techo del pasillo como si fuera un caballo percherón. Después el silencio, el tenso silencio. Mi mujer me lanzó una mirada de esas que quieren decir ¿Me crees ahora, guapo?
_ ¡La hostia!, dije yo para relajar la tensión del momento.
Como eran las dos de la mañana y ninguno de los dos tenía la más mínima gana de levantar una plancha y asomar el cogote por el falso techo del cuarto de baño, lo que correspondía era irse a dormir. Mi mujer no quiso saber nada de volver a nuestra cama y sí de dormir en la habitación de Irene. Allí le tenemos instalado un suelo acolchado tipo guardería, que viene muy bien para amortiguar las caídas, pero no lo suficiente para acunar el descanso del guerrero. Así nos hemos visto esta noche, asediados en nuestro propio hogar, durmiendo en el suelo y pendiente de los ruidos.
Rata(s) 1 Juan Luis 0
Me he levantado a las seis de la mañana y entonces sí me he atrevido a asomarme por el falso techo. No había ni rastro del cartón, ni del queso, ni de ningún bicho viviente. La verdad es que hay un montón de recovecos entre las máquinas de aire acondicionado, conductos, cables y demás. Pero me pregunto cómo narices ha(n) llegado al techo de la segunda planta, ¿Qué come? La bebida ya sé que lo tiene(n) solucionado; el chapuzas que instaló el aire acondicionado empalmó el tubito de desagüe con cinta aislante y eso hace que gotee.
Mi estrategia se debate entre las siguientes opciones:
1) Seguir con el pegamento, pero echando más y sobre una superficie más robusta y pesada como un baldosín o un trozo de madera. La más probable.
2) Echar veneno. ¿Para qué? ¿Para que se muera y luego dé el pestazo?. Y si las palma en la máquina de aire acondicionado, ya sería el acabose. Descartado.
3) Poner una trampa de las de toda la vida. El inconveniente es que corro el riesgo que me salte a mí por tener que ponerla en un sitio de difícil acceso y, además, que me da bastante asco tener que quitar luego el cadáver de un bicho despachurrado. Descartado.
4) Llamar a una empresa especializada. Probablemente, aunque hay que tener en cuenta que también está en juego mi rol de macho alfa. Esta me gustaría cargármela yo.
(Continuará)
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22.9.09
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Tema: Historias, Mi vida como macho alfa
Manual para tasadores
A la hora de precisar el valor de algo, incluidos nosotros mismos, hay que prestar especial atención a la hora de elegir la escala de referencia. Si nos dejamos llevar por modas o por lo que lleguen a pensar los demás, sería como parapetar nuestra autoestima tras unos muros de cartón piedra; quedaría demasiado expuesta y con un alto riesgo a perderla; y si eso ocurre, detrás vendrían las demás miserias.
El collar, de Guy de Maupassant
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11.9.09
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Tema: Historias, Personajes
Club de lucha
chuck Palahniuk se licenció en periodismo, pero se vio abocado a desempeñar trabajos como operario en una cadena de producción y mecánico de motores. Cuando escribió su novela Club de lucha, lo hizo en parte dejándose llevar por la frustración y el pesimismo que sentía por no poder ganarse la vida con aquello para lo que tan concienzudamente se había preparado.
Estamos probablemente ante la generación mejor formada de la historia. Jóvenes con títulos universitarios, que saben idiomas y manejan la tecnología punta. Han crecido sobreprotegidos y convencidos de que les esperaba el triunfo. Sin embargo, el futuro no pinta como se lo contaron y son más las puertas que se cierran que las que se les abren. Difícilmente podrán alcanzar el nivel de vida que tienen mientras viven con sus padres - una generación que no tuvo tantos estudios, pero sí una mayor capacidad de sacrificio y adaptación- y, lo que es peor, quizá asistan a la pérdida de logros sociales que tantos esfuerzos costaron.
Ante este panorama, a pesar de todo, algunos llegarán con esfuerzo - como siempre se ha llegado - a la cima; otros tendrán que borrar su licenciatura del currículum para poder pasar alguna selección de personal; otros se rendirán y sólo lucharán en la videoconsola. Pero mientras el talento y las oportunidades corren por los desagües, es posible que el inofensivo Peter Pan se cabree, deje de volar y se atrinchere en un subterráneo a mezclar ácido nítrico gaseoso, ácido sulfúrico y parafina; y puede liar una buena pajarraca.
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7.9.09
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Tema: Historias, Libros, Personajes
¿Y si el miedo al ridículo fuera una enfermedad mortal?
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3.9.09
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Tema: Historias
Septiembre
[..] Porque no se puede ser feliz en este tiempo muerto y lentísimo, el indeseable paréntesis entre una vida que ya es mentira y otra que no acaba de ser verdad del todo. Ningún destino es tan ingrato como el de las personas condenadas a vivir eternamente en septiembre.
Almudena Grandes
Sí, yo también sucumbí al caluroso agosto y dejé de publicar para tomarme un pequeño descanso. He aprovechado para disfrutar al ver de nuevo por primera vez el mar a través de los ojos de Irene, para madrugar y poder recorrer una playa solitaria, para exclamar ¡joder, qué fría!, cuando al entrar en el agua, una ola moja esas partes a las que veto la luz del sol.
Ahora que llega septiembre hay que tratar de desmentir el fragmento de Almudena Grandes y tratar de seguir siendo felices, aunque sea de manera razonable. Yo dedicaré gran parte de lo que me resta de vacaciones a labores de limpieza y bricolaje; en hacer de todo un Robinsón doméstico. Trataré de dejar todo lo mejor posible para cuando se decida a llegar esa nueva vida que todos soñamos en las siestas de verano.
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31.8.09
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Tema: Historias
La mitad del camino

Comencé la temporada ciclista francamente bien; desde marzo logré entrenar cinco días a la semana, lo que me llevó a coger una forma física realmente buena, de modo que hacer cien kilómetros - o más- los domingos lo aguantaba perfectamente y hasta me llegaba a quedar con ganas de más. Pero llegó el verano, hay muchos asuntos domésticos por atender, ya no he podido disponer de los días de diario para entrenar, y además, por mis funciones de niñero -Juan Luis Poppins- ,sólo puedo salir con el grupo cada dos domingos y, como es lógico, los kilómetros se empezaron a endurecer. Así que no ha habido más remedio que acortar los recorridos; por lo que en algún cruce a medio camino suelo despedirme de mis compañeros y, si hay alguna gasolinera o pueblo cercano, incluso me detengo para tomar un refresco antes de emprender el regreso a casa. Reconozco que al principio me fastidió el perder la dinámica que con tanto sacrificio había conseguido, e incluso pensé en dejar aparcada la bici hasta que pudiera volver a retomarla con iguales bríos, pero llegué a la conclusión - creo que acertada- que ante los inconvenientes es mejor adaptarse que cambiar de costumbres. No he tardado en empezar a disfrutar de esa pausa mientras aplaco mi sed a mitad de camino y del regreso, rodando en solitario, a mi ritmo, pensando en mis cosas. Llego a casa temprano y apenas cansado, de modo que puedo aprovechar para realizar esas tareas que siempre hay pendientes y estar con la familia.
La falta de tiempo puede parecernos un engorro, casi una condena, pero el tener que repartirlo tan minuciosamente es a menudo indicativo de que tenemos una vida colmada de cosas que merecen la pena nuestra atención, que no nos podemos perder. Es mejor quedar a medias algunos caminos para poder recorrer otros, para enriquecernos con todos los paisajes posibles. Las otras mitades que quedan pendientes, ahí permanecerán esperando lo que haga falta; ya llegará el momento, que la vida es muy larga.
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13.8.09
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